
Una tarde aburrida y calurosa de domingo, que no admitía mayor esfuerzo que hacer zapping en la TV.
De repente, aparece en la pantalla la aniñada imagen de Meg Ryan y su perfecto complemento cinematográfico: Tom Hanks.
Surgió la tentación de dejarse llevar, sin complicaciones, por la "encantadora" fabula del lobo que se come a la oveja (para ser más precisos, "que se come la librería de la oveja"); los diálogos de los neoyorkinos liberales (demócratas); las ocasionales referencias literarias (son libreros los protagonistas), algunas instantáneas del inconfundible paisaje urbano de la Gran Manzana.
La historia de amor que puso de moda las parejas vinculadas mediante el azaroso e impredecible correo electrónico y que de otro modo, sería de imposible realización.
En fin, un filme sencillo, pero que curiosamente plantea algunas lecturas e interrogantes, que quedan en la mente, en el terreno de lo posible...

Marco
ResponderEliminarMe da gusto saber que estás vivo (hace mil años que ni tus luces; estaba preocupada por ti, aunque usted no lo crea)
Un abrazo
PS Querido, ni ella ni él son mi hit, precisamente (él menos que ella; Tom Hanks es mi soporífero favorito). Pero estoy de acuerdo en que la película es una de las menos ñoñas, que ella -especializada en filmes ñoños- ha hecho. Resulta entretenida, aunque, eso sí, llena de clichés.
Tienes toda la razón.
ResponderEliminarDebo confesar que me siento un poco culpable por reaparecer con un tema así, pero tuve que aprovechar el poco ánimo para escribir algo.
No sé si te pase, pero hay películas y canciones que forman parte del catálogo personal de placeres culposos (algunos gasta vergonzosos) pero algunos tienen una explicación, que tienen que ver con la cualidad de evocar un instante o persona memorable.
En fin, espero visitarte pronto.
Saludos