
Una tarde aburrida y calurosa de domingo, que no admitía mayor esfuerzo que hacer zapping en la TV.
De repente, aparece en la pantalla la aniñada imagen de Meg Ryan y su perfecto complemento cinematográfico: Tom Hanks.
Surgió la tentación de dejarse llevar, sin complicaciones, por la "encantadora" fabula del lobo que se come a la oveja (para ser más precisos, "que se come la librería de la oveja"); los diálogos de los neoyorkinos liberales (demócratas); las ocasionales referencias literarias (son libreros los protagonistas), algunas instantáneas del inconfundible paisaje urbano de la Gran Manzana.
La historia de amor que puso de moda las parejas vinculadas mediante el azaroso e impredecible correo electrónico y que de otro modo, sería de imposible realización.
En fin, un filme sencillo, pero que curiosamente plantea algunas lecturas e interrogantes, que quedan en la mente, en el terreno de lo posible...
